VIDA ESPIRITUAL

Eucarestia, fonte di vita

 

"Yo soy la vid, vosotros los sarmientos, el que permanece unido a mí, y yo unido a él, da mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada" (Jn 15, 5).



Dios, que está en nosotros, nos invita a entrar en comunión con Él. Para acoger su presencia hace falta que nuestra vida se convierta en oración. Con la ayuda del Espíritu Santo, alimentamos cotidianamente nuestra vida espiritual sobre el ejemplo del Padre San Francisco, con la Eucaristía, con la Lectio Divina, con la oración continua, con la ascesis constante, porque el encuentro con Dios configura de por sí nuestra vida personal y comunitaria. En efecto es la Eucaristía el centro y la fuerza de nuestra vida consagrada, renueva cada día nuestra donación y nuestra comunión con los hermanos. Dios es Amor, quien está en el amor vive en Dios y Dios en él. Vivimos este misterio de hospitalidad y acogida con sencillez. Sólo entonces sabremos acoger a las hermanas de hábito y a todos los hermanos, con aquella caridad que es paciente, benigna, desinteresada (cfr. 1 Cor 13, 4), que resume y perfecciona la ley. Necesitadas como somos de la Divina Misericordia intentamos merecérnosla con el ejercicio de la Caridad.

Ser Franciscanas Misioneras Voluntarias de los Pobres requiere vivir con serenidad los fracasos, los sufrimientos, las fatigas, las humillaciones que la vida apostólica reserva; requiere ser fieles a la Verdad hasta la inmolación de sí y ponerse a disposición de todos en una donación puramente oblativa, posponiendo los propios intereses a la gloria del Padre y al bien de los otros. Al estilo de Jesús, que siendo Hijo de Dios e igual al Padre, se humilló tomando forma de siervo para servir, y no para ser servido.