Vida Consacrada

professione

 

"Os exhorto hermanos a ofrecer vuestros cuerpos como sacrificio viviente santo,grato a Dios: es éste vuestro culto spiritual"(Rom. 12,1)



Llenas de estupor y agradecidas por el regalo de Dios, Uno y Trino, que nos llama a unirnos totalmente al misterio de su amor, comprendemos que, comparado con Él, todo pierde valor. Conquistadas por Dios, lo acogemos como el único bien de nuestra vida (Cost.FMVP.n.27).
Llamadas con los votos a seguir a Jesús casto, pobre, obediente y a servir a los pobres, queremos siempre vivir por Él y por su Cuerpo, que es la Iglesia, ser una señal luminosa de la Caridad de Dios, anunciar la llegada del Reino, dar testimonio en nuestra debilidad y a la vez de la fidelidad de Dios (Cost.FMVP.n.28), (cf. LG 41-43).

"De esto todos sabrán que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros" (Jn 13,35).


Libres a través de Cristo, no renunciamos al amor. Dando la vida por los que queremos buscamos la verdadera alegría, aunque participamos del misterio de la Cruz. La castidad es sustentada por una vida fraterna experimentada en un clima de consideración recíproca y de confianza, de ayuda, de amistad y de alegría (Cfr. Jn 15, 13), (Cost.FMVP.n.35).
El corazón casto, evangélicamente pobre, protege constantemente su libertad contra cada apropiación afectiva. Como San Francisco y Santa Clara ‹‹despreciamos las cosas terrenales e inmunes de cualquier amor egoísta, amor privado, para verter en común toda la intensidad del cariño y buscar con todo el empeño donarnos a nosotras mismas para ayudar en las necesidades de los hermanos›› (FF 387), (Cost. FMVP.n.37).