"Buscad
primero el reino de Dios y su justicia
y
todas las cosas os serán dadas por añadidura" (Mt
6, 33).
La primera
de las Bienaventuranzas anunciadas a los hombres es la de la pobreza.
"Dichosos los pobres en espíritu, porque de ellos es el
Reino de los Cielos" (Mt 5, 3).
El
primero de los consejos evangélicos indicados a quien
"quiere ser perfecto"
es la renuncia a la posesión de los bienes terrenales
(cfr Mt 5,3) y luego “acérquense
y síganme”
(Mt. 19,21). (cf.
Cost. FMVP. n. 40).
La
pobreza dona la libertad y la paz.