APOSTOLADO

nonna

 

"Tendrás que ir a ver a quien yo te mande y tendrás que decir lo que yo te ordene"

(Jer 1, 7).



Bajo formas diferentes llevamos a la práctica el mandamiento de Dios, que "lavó los pies a sus discípulos" y los quiso hasta al final (cfr. Jn 13, 14-15). Cristo sirve por nuestro medio a los pobres, nosotros servimos en ellos al propio Jesús, que se ha identificado con los más pequeños y los más despreciados (cfr. Mt.25,40). Nuestra vida de consagradas ya es por el mismo testimonio silencioso una eficaz evangelización.
La vida fraterna, la oración y la disponibilidad son nuestra primera forma de evangelización y, a veces, la única posible.
Satisfacemos no sólo las exigencias de la evangelización con el testimonio de la vida, sino también con las obras de apostolado misionero y asistencial. El Espíritu Santo, que es el alma de toda la misión de la Iglesia, ha suscitado en nuestro Fundador un amor preferencial por los pobres, según el ideal de San Francisco, que ejerció para con los pobres un amor de ‹‹hechos y de verdad››, (Jn.3,18) y no sólo de palabra. Insertadas en este proyecto apostólico, no habrá una enfermedad que no nos toque, ninguna necesidad a la que no proveamos, ninguna dificultad que no socorramos. Manifestamos nuestro espíritu de hospitalidad con la atención al otro, siempre dispuestas a las necesidades materiales y espirituales del prójimo.